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Hoy es Día Naranja. Y cada 25 del mes, el mundo nos recuerda algo que no deberíamos olvidar nunca: que la violencia contra mujeres y niñas no es una estadística… es una realidad diaria.

El Día Naranja nació para eso:
para sacudirnos, para romper la indiferencia,
para recordarnos que ninguna mujer tendría que ser valiente para vivir su vida.

En México, 7 de cada 10 mujeres ha vivido algún tipo de violencia.
Y lo más preocupante es que mucha de esa violencia la hemos normalizado.
La violencia que no deja moretones… pero sí marca el alma.

La violencia económica, cuando una mujer no puede decidir sobre su propio dinero.
La violencia digital, que crece cada año, con amenazas, difusión de fotos, acoso y extorsión.
La violencia política, que busca callar voces femeninas en espacios de poder.
Y la violencia institucional, quizá la más dolorosa: cuando las autoridades no escuchan, no creen o revictimizan.

Esta realidad no distingue edad, nivel socioeconómico o lugar.
Pasa en la calle, en la casa, en la escuela, en el celular, en las oficinas…
Pasa en silencio, pero pesa como un mundo.

Por eso, el Día Naranja no es sólo una fecha simbólica.
Es un llamado a actuar.

A las familias: eduquemos a niños y adolescentes en relaciones sanas.
A las empresas: protocolos reales, no campañas de una semana.
A las instituciones: justicia que acompañe, no que desgaste.
A la sociedad: creer, escuchar y no juzgar.

Porque cuando una mujer se siente segura,
toda la comunidad avanza.
Porque cuando una mujer tiene libertad,
el país respira distinto.

Hoy es Día Naranja.
Y que este día nos recuerde que las mujeres hacemos país todos los días…
y que México nos debe un país donde podamos hacerlo en paz.

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